Zohran Mamdani y el ascenso del socialismo en New York.
Por supuesto la definición de socialismo va a depender del enunciador y los intereses que defienda. Algunas posturas son muy radicales, tanto que, si existiese el Premio Nobel de Imaginación, serían potenciales ganadores, bien sea para las definiciones extremas de derecha o izquierda. Otras veces se usa la palabra socialismo para simplificar el hablar sobre un conjunto de propuestas que se acercan más bien al sentido común y éste parece ser el caso de Zohran Mamdani.
Pero empecemos por esas posturas extremas. El socialismo sería un sistema dictatorial que asalta al poder y lleva a cabo un plan de saqueo a través de la expropiación o la imposición de impuestos, valga la redundancia. Éste es el socialismo antidemocrático donde se pierden las garantías individuales, la expropiación en nombre de lo común suprime la propiedad privada y los impuestos la libertad volviéndote esclavo del sistema. Vaya Dios a saber que hace el dictador con todo ese dinero que no reinvierte para felicidad de los hombres. Seguramente termina por ser una casta de políticos ricos que compra sus paradisíacas mansiones en países libres y con lo sobrante invierte en bonos del tesoro de países igualmente libres. Si tan solo aplicara la teoría del derrame a la felicidad de estos dictadores.
El otro uso que se le da a la palabra socialismo es para la designación a un conjunto de propuestas políticas que están tan cerca del sentido común de lo que la gente quiere y necesita que son casi una utopía en este mundo tan lleno de dictaduras. Así, por ejemplo, es catalogado al recién electo democráticamente alcalde de New York Zohran Mamdani y sus propuestas. Nada más que servicio de salud gratuito, transporte público subsidiado y asistencia materna para las madres trabajadoras para que sea catalogado de socialismo. Paradójicamente contrario a lo que ocurre en una dictadura socialista donde los derechos no existen, este socialismo parece estar dentro de los límites democráticos y lo que tiende es a ampliar los derechos, es decir, que sean para todos. Sus promesas electorales no fueron suprimir la propiedad privada y la libertad, sino ampliar esos derechos. ¿No es la salud, la educación y el salario parte de la propiedad privada y garantes de la libertad en un sistema democrático?
Ahora bien, como la democracia se inscribe dentro de los límites de una economía capitalista y este socialismo newyorkino surge dentro de los márgenes democráticos, esa universalización de los derechos cuesta dinero. Cómo va a llevarse a cabo la ampliación de derechos de forma democrática si no a través de los impuestos, institución “más vieja que el Papa” y que seguramente habrá surgido para la subsistencia de la humanidad nacida de forma solidaria. Volvemos hoy en día a ese punto crítico. Ya es de amplio conocimiento la terrorífica desigualdad en la distribución de riqueza en la que nos encontramos, inédita en la historia mundial.
Parece, entonces, suceder lo siguiente, que la contracción de un capitalismo acumulativo va corriendo los límites de la democracia achicándola, haciéndola ineficaz, dejando a fuera del goce de derechos a una mayor parte de la sociedad que a la hora de reclamarlos parece encontrarse fuera de los propios márgenes democráticos quedando paradójicamente catalogada de antidemocrática o socialista, contrariada y confundida al haberse desplazado los límites, confrontada a sí misma ante la confusión de si es legítimo la universalidad de derechos.
Si la sociedad ha de querer seguir viviendo en democracia, la distribución justa de los derechos deberá ser igual a una distribución justa de los recursos para que ningún ser humano un día se despierte y se encuentre viviendo en una dictadura socialista.
Y vos, qué pensas?